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AirBreazy — Contenido informativo Lectura: 6 minutos
Salud & Prevención

Por qué a los fumadores no les sangran las encías — y por qué es la peor noticia, no la mejor

Una encuesta nacional con más de 12.000 adultos concluyó que más de la mitad de los casos de periodontitis se deben al tabaco. El mismo mecanismo explica por qué casi ningún fumador se da cuenta hasta que un diente empieza a moverse.

4x el riesgo de periodontitis de un fumador frente a quien nunca ha fumado¹
2x el riesgo de perder dientes ya con menos de un paquete al día
52,8% de los casos de periodontitis en adultos se atribuyen al tabaco, actual o pasado¹

Si llevas veinte años o más fumando, seguramente te fías de tus encías. No te sangran al cepillarte, no te duelen, y el único problema que crees tener es el aliento. Es exactamente lo que nos han enseñado a vigilar: si hay sangre en el lavabo, algo va mal; si no la hay, todo en orden.

El problema es que en los fumadores esa regla no funciona. Y hay un motivo concreto: el sangrado es la forma que tiene el cuerpo de avisar de que las encías están inflamadas, y la nicotina apaga ese aviso estrechando los vasos sanguíneos que deberían hacerlo saltar.

El error de partida: la sangre es la alarma, y la nicotina la apaga

Una encía sana no sangra. Una encía inflamada por la placa se llena de sangre, se hincha, y a la primera pasada del cepillo deja un rastro rosa. Es una señal incómoda, pero es una señal: dice que hay una inflamación en marcha y que hay que frenarla antes de que llegue al hueso.

La nicotina es un vasoconstrictor: estrecha los vasos sanguíneos más pequeños, incluidos los que llevan la sangre a la encía. El resultado es que en el fumador la encía inflamada recibe menos sangre y no la deja salir. La inflamación está ahí, y sigue haciendo su trabajo, pero no se ve.

Un estudio publicado en el Journal of Clinical Periodontology lo midió en dos grupos distintos de pacientes: los fumadores sangraban bastante menos que los no fumadores con el mismo grado de enfermedad, y cuantos más cigarrillos fumaban, menos sangraban.² Los autores lo llaman «respuesta hemorrágica suprimida». Dicho en cristiano: la alarma está desconectada.

Riesgo de periodontitis frente a quien nunca ha fumado — NHANES III, Journal of Periodontology, 2000¹

Fumador actual 4,0x
Exfumador 1,7x
Quien nunca ha fumado 1,0x

Los datos proceden de la tercera encuesta nacional de salud de Estados Unidos (NHANES III), que examinó a 12.329 adultos con criterios clínicos estandarizados. A igualdad de edad, sexo, estudios e ingresos, un fumador tiene cuatro veces más probabilidades de tener periodontitis que quien nunca ha fumado. Y el riesgo crece con la dosis: 2,8 veces por debajo de los diez cigarrillos al día, 5,9 veces por encima de los treinta.¹

Pero la cifra que más llamó la atención de los investigadores es otra. Sumando los casos debidos al tabaco actual y los debidos al tabaco pasado, más de la mitad de las periodontitis en adultos no existirían sin el tabaco. No es una enfermedad de la higiene. En la mayoría de los casos, es una enfermedad del tabaco.

Qué pasa cuando lo dejas, y por qué asusta

Aquí viene la parte que casi nadie les explica a los fumadores, y que hace recaer a muchos de los que intentan dejarlo.

Cuando la nicotina desaparece, los vasos sanguíneos de la encía vuelven a abrirse. La sangre vuelve a llegar adonde llevaba años sin llegar, y la inflamación que había quedado escondida empieza por fin a verse: en cuestión de semanas, las encías empiezan a sangrar.

Un grupo de investigadores británicos siguió a 27 personas durante un programa para dejar de fumar. En cuatro a seis semanas, los puntos de la boca que sangraban al pasar la sonda se duplicaron, del 16% al 32%, a pesar de que la higiene bucal de los participantes había mejorado.³

"Esto aporta una prueba más de que el tabaco altera la respuesta inflamatoria, y de que esos cambios son reversibles al dejar de fumar."

Nair, Sutherland, Palmer, Wilson, Scott — Journal of Clinical Periodontology, 2003³

Para quien no lo sabe, es la secuencia perfecta para recaer. Lo dejas, a los diez días escupes rosa en el lavabo, te convences de que dejarlo de golpe te está sentando mal, vuelves a fumar, y en unos días la sangre desaparece. Parece la prueba de que tenías razón. Es justo lo contrario: el cigarrillo ha vuelto a cerrar los vasos sanguíneos y ha apagado otra vez la alarma.

Hallazgo clave — Journal of Clinical Periodontology, 2003

El sangrado que aparece después de dejarlo no es un empeoramiento. Es la circulación que vuelve a funcionar y el sistema de alarma de la encía que se enciende de nuevo. La enfermedad ya estaba ahí: ahora, por primera vez, se ve.

La señal no llega cuando la encía enferma. Llega cuando la nicotina deja de esconderla.

16% → 32%

los puntos de la boca que sangran al pasar la sonda, antes y después de cuatro a seis semanas sin tabaco, en las personas seguidas por el estudio de 2003. El doble, y con mejor higiene que antes.

Mientras tanto, debajo de la encía, el hueso se va

Mientras la alarma está apagada, la inflamación sigue trabajando donde no se ve: en el hueso que sujeta los dientes. Y el hueso, a diferencia de la encía, no sangra ni duele. Se desgasta en silencio, milímetro a milímetro, hasta que un día un diente empieza a moverse. Para entonces el hueso que lo sujetaba ya no está, y no vuelve a crecer.

Por eso el tabaco pesa tanto en la pérdida de dientes. Un estudio con 43.112 hombres seguidos durante dieciséis años midió cuánto: quien fumaba entre 5 y 14 cigarrillos al día, menos de un paquete, tenía el doble de riesgo de perder dientes que quien nunca había fumado. Por encima de 45 cigarrillos, el triple.

Y aquí también está la segunda cifra, de la que se habla menos. Quien llevaba más de diez años sin fumar seguía teniendo un riesgo un 20% mayor que quien nunca había fumado. El riesgo baja, pero tarda años en bajar, y nunca vuelve del todo al de quien nunca ha fumado.

Entonces, ¿por qué cuesta tanto dejarlo?

A estas alturas la conclusión parece obvia. Si el riesgo solo baja cuando lo dejas, lo dejas.

El problema es que dejarlo sale bien muchas menos veces de lo que se cree. La revisión Cochrane sobre las terapias sustitutivas de nicotina, que reúne decenas de ensayos clínicos, muestra que a los seis meses más de ocho de cada diez personas han recaído, incluso combinando parche y chicle.

Tasas de fracaso a los 6 meses — Cochrane Database of Systematic Reviews

Sin ninguna ayuda ~97%
Parche de nicotina (solo) 86%
Chicle de nicotina (solo) 86%
Parche + chicle (combinados) 83%

Incluso el método más avanzado, parche y chicle a la vez, deja a más de ocho de cada diez personas exactamente donde empezaron. No es un problema de dosificación ni de disciplina. Es un problema de enfoque.

Esos métodos trabajan sobre la mitad del problema. Devuelven la nicotina, pero no devuelven el gesto: la mano que sube a la boca, la calada honda, la pausa. Después de veinte años ese movimiento se ha convertido en la forma que tiene el sistema nervioso de regularse, y el cerebro lo sigue pidiendo aunque la nicotina ya no esté. Quitar el cigarrillo sin sustituir el gesto es pedirle al cerebro que renuncie a dos cosas a la vez.

· · ·

La conclusión lógica: el gesto no hay que quitarlo, hay que sustituirlo

Si una parte de la adicción es conductual, cualquier herramienta que funcione tiene que ocuparse también de esa parte: reemplazar el gesto, no limitarse a quitarlo. Darle al sistema nervioso el estímulo que espera, sin la nicotina que estrecha los vasos sanguíneos y sin el humo que llega con ella.

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Fuentes científicas

  1. Tomar SL, Asma S. "Smoking-attributable periodontitis in the United States: findings from NHANES III." Journal of Periodontology, 2000;71(5):743-751. DOI: 10.1902/jop.2000.71.5.743
  2. Bergström J, Boström L. "Tobacco smoking and periodontal hemorrhagic responsiveness." Journal of Clinical Periodontology, 2001;28(7):680-685.
  3. Nair P, Sutherland G, Palmer RM, Wilson RF, Scott DA. "Gingival bleeding on probing increases after quitting smoking." Journal of Clinical Periodontology, 2003;30(5):435-437.
  4. Dietrich T, Maserejian NN, Joshipura KJ, Krall EA, Garcia RI. "Tobacco use and incidence of tooth loss among US male health professionals." Journal of Dental Research, 2007;86(4):373-377.
  5. Hartmann-Boyce J et al. "Nicotine replacement therapy versus control for smoking cessation." Cochrane Database of Systematic Reviews, 2018. DOI: 10.1002/14651858.CD000146.pub5